El hombre bidimensional
Pasan cosas todos los días, se pierden amigos, se recuperan, se transforma el mundo y, a veces, todo vuelve a ser como era antes. Inevitablemente la tendencia es a buscar lo que no cambia, o a predecir los cambios que para el caso es lo mismo. Vamos en busca de nuestro eterno sueño que finalmente se reduce a disminuir los factores de riesgo, a buscar la capacidad de levantarse un día y saber que todo está bien.
Claro que esto no puede ser tan ideal, de hecho lo ideal, perfecto, no existe. Entonces tenemos crisis; el mundo se nos fue, al igual que los amigos y nuestras creencias, entendiendo por fin que el cambio es inevitable, que todo se muere y todo vuelve luego a vivir en un ciclo –espiral- en el que si no nos agarramos fuerte podemos salir volando en cualquier momento.
Nuevamente siguiendo nuestros instintos creemos que este espiral tiene un período después del cual se vuelve todo lo mismo, sin entender que finalmente lo único claro es que todo muere y, por suerte, todo nace de nuevo. Algo así como que las cosas no se crean sino que se transforma.
¿Por qué ese deseo de transformar el caos en ciclos? Lo de tratar de “domar” el caos para mí al menos ya no es tema, es tan natural como las religiones o eso del espíritu gregario del hombre, nos pasamos inventando modelos para poder disminuir las variables del mundo real y de esa manera hacerlo manejable o soportable. Mi pregunta tiene que ver exactamente con los ciclos, ¿por qué motivo usamos esa figura como representación del caos?
Mi opinión es simple: se me ocurre, sin mucho argumento de todas maneras, que las personas transformamos todo en dos dimensiones o en multiplos de ese número; tenemos día y noche, a pesar que el día tiene muchas etapas diferentes; dos manos, dos pies, nuestro cerebro tiene dos lados y nuestro sistema numérico se basa en potencias de el mismo número. Entonces me parece natural que los modelos que nos vamos inventando tengan siempre dos dimensiones debido a que estamos construidos de esa manera.


